Soy inocua, y con tu desdeño me consumo como el oxígeno. Vos creés que sos mi fuego, y simplemente sos tu propia ponzoña. Ves a través de mí, soy cristal, agua pura, tibia. Las sirenas te distanciaron de mis orillas, donde no me tocás, y te olvidas que existo. Te espanta mi perfume devoto, mi constante regalonear. Supongo entonces, es tiempo de trasladar mis olas hacia otro lugar. Sé que no es mi culpa, vos mismo te quisiste ahogar.
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