Estoy encerrada en un recuerdo, como si no tuviera otro recurso para existir, y en ese recuerdo se me olvida descansar de vos. Esa madrugada en la que amanecía el cielo tenía un color desconocido y mágico. La luna seguía varada, llena, mirándonos. Nos sorprendió como recién nacidos, la miramos. Ahí estaba, cómplice de nuestro delito del color de la sangre y del fuego. Nuestra sangre, ese fuego que nos quemó la ropa, que nos volcó en las plumas y nos obligó a jugar a querernos, a despegarnos del mundo.
De sopetón abriste esa jaula inventada y me pediste que sea libre, afuera llovía.
No puedo contra la reminiscencia de tu suave piel de león, sacaste tus espinas afuera.
Me quitaste de improvisto el lápiz y el papel, cuando lo que me sobraban eran palabras y mi sofoco me ganaba. Respiro hondo y mi lamento ya no me deja verte, y entonces me invitás a pasar de nuevo. me secás la cara con tus manos, y un beso de consuelo puro me desata de mi nostalgia. Y yo, tan tonta, me apego otra vez a esta tontería que tenemos los dos, a este amor fraudulento que me inventé para ser feliz, y que hasta hoy al menos, cumple su cargo.
De sopetón abriste esa jaula inventada y me pediste que sea libre, afuera llovía.
No puedo contra la reminiscencia de tu suave piel de león, sacaste tus espinas afuera.
Me quitaste de improvisto el lápiz y el papel, cuando lo que me sobraban eran palabras y mi sofoco me ganaba. Respiro hondo y mi lamento ya no me deja verte, y entonces me invitás a pasar de nuevo. me secás la cara con tus manos, y un beso de consuelo puro me desata de mi nostalgia. Y yo, tan tonta, me apego otra vez a esta tontería que tenemos los dos, a este amor fraudulento que me inventé para ser feliz, y que hasta hoy al menos, cumple su cargo.