martes, 7 de agosto de 2012

Cuando al alma le falta lugar

Respiro hondo y te veo. Intento compartir el mismo aire, y no robármelo de esa manera tan particular tuya, tan insólita. ¿Qué sentido tiene que me aturdas de esta forma?
Estoy encerrada en un recuerdo, como si no tuviera otro recurso para existir, y en ese recuerdo se me olvida descansar de vos. Esa madrugada en la que amanecía el cielo tenía un color desconocido y mágico. La luna seguía varada, llena, mirándonos. Nos sorprendió como recién nacidos, la miramos. Ahí estaba, cómplice de nuestro delito del color de la sangre y del fuego. Nuestra sangre, ese fuego que nos quemó la ropa, que nos volcó en las plumas y nos obligó a jugar a querernos, a despegarnos del mundo.
De sopetón abriste esa jaula inventada y me pediste que sea libre, afuera llovía.
No puedo contra la reminiscencia de tu suave piel de león, sacaste tus espinas afuera.
Me quitaste de improvisto el lápiz y el papel, cuando lo que me sobraban eran palabras y mi sofoco me ganaba. Respiro hondo y mi lamento ya no me deja verte, y entonces me invitás a pasar de nuevo. me secás la cara con tus manos, y un beso de consuelo puro me desata de mi nostalgia. Y yo, tan tonta, me apego otra vez a esta tontería que tenemos los dos, a este amor fraudulento que me inventé para ser feliz, y que hasta hoy al menos, cumple su cargo.

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